EL ESPÍRITU QUE INSPIRA A NOMAD

Hace miles de años, hombres altos y fornidos, vestidos con pieles de animales iban en busca de forraje en pequeñas embarcaciones. Completamente inmersos en la excepcional vida silvestre que los rodeaba, cazaban y recolectaban comida para sus familias, adoraban a sus dioses y mantenían vivos fuegos mientras viajaban grandes distancias a través de fiordos y canales, llevados por sus corrientes y guiados por el viento.

Desde entonces, la parte austral de Chile ha sido la fuente de inspiración para otros marinos que, al igual que la Antigua gente nómade, fueron seducidos por la oportunidad de despertar cada día en un lugar diferente y llenarse del esplendor y la magnificencia de la vida salvaje, sabiendo que las tierras vírgenes rara vez habían sido vistas o dominadas por otros hombres.

BOSQUES PATAGÓNICOS

En la Patagonia los bosques son densos y siempre verdes, compuestos de especies endémicas tales como el coigüe, laurel, mañío, tepa y tepú, que, con sus diferentes tonos, colores y formas con forma vibrante dan energía al paisaje. Entre estos árboles están las Larches (Fitzroya Cupressoides) milenarias, que datan a más de 4000 años y protegen la capa más alta de este bosque único.

Hay tres árboles simbólicos: EL ciprés Guaitecas, el coigüe Chilote y el coigüe Magallánico, que crecen con increíble variedad a nivel del mar, dando vida y color a las islas del Archipiélago de Chonos y Guaitecas.Una gran variedad de viñas, arbustos, epifitos, geofitos y plantas herbáceas, muchas de ellas de características endémicas, son el complemento perfecto de este jardín botánico. Hay tres íconos que reaparecen durante todo el viaje: La Fucsia Magallánica (Fuchsia Magellanica), el berber (Berberis sp.) y el primitivo ruibarbo chileno (Gunnera Chilensis), cuyas enormes hojas dan refugio contra las Fuertes lluvias.
La característica densidad del bosque valdiviano en esta área, mezclado con las condiciones climáticas, es lo que da vida a los hábitos de la fauna que vive en la región. Las conductas de estas especies que viven en los sectores costeros y marinos están, entre otras cosas, influenciadas por las grandes fluctuaciones de las mareas y la riqueza de la biomasa que alimenta el Océano Pacífico.
A pesar de ser tímidos, Los mamíferos de esta área se pueden ver ocasionalmente, sorprendiendo a nuestros huéspedes que pasan a través de este boque. Felinos tales como la güiña, el Colo-Colo y el puma; zorros como el culpeo y el chilla; roedores como el coipo; nutrias como la huillín y el chungungo, son algunas de las especies que viven en esta área. Pero quizás el encuentro más emocionante y espectacular es encontrarse cara a cara con el tímido y minúsculo pudú y el magnífico huemul, ambos adornando el escudo nacional de Chile. El huemul, actualmente en peligro de extinción, ha descubierto un

GÉNESIS DE LA AVENTURA

No existe en la tierra un lugar similar a la Patagonia. No son sólo sus maravillosos paisajes rodeados de tupida Vegetación, ni su geografía, modelada hace miles de años, lo que la hacen tan seductora. Tampoco lo son sus condiciones extremas ni la diversidad de vida existente en la zona. Es una mezcla de todo eso y mucho más lo que hace que visitarla se transforme en una experiencia tan fascinante.

Los cuentos de hadas nos han enseñado que los tesoros siempre están ocultos. Cubiertos de tierra, escondidos en el fondo de una cueva o sumergidos en el mar, quien quiera  poseerlos debe recorrer kilómetros y sortear peligros para llegar a ellos.

Casi al final del continente americano hay un gran tesoro. Un lugar lleno de riquezas y de vida, cuya belleza es a veces inimaginable. Las leyendas dicen que ahí está la ciudad en la que el conquistador Diego de Almagro escondió los tesoros sustraídos del imperio Inca. En esta llamada “Ciudad de los Césares” abunda el oro y la plata, las calles están hechas de piedras preciosas y sus habitantes están vestidos con un lujo sin igual.

Cuentan los testimonios de viajeros y de algunos sobrevivientes de antiguos naufragios que este lugar mágico y encantado está en la Patagonia. Escondido entre fiordos y canales, tragado por la selva siempre verde, detrás de un volcán o quizás en el preciso lugar donde empieza un glaciar. Nadie lo sabe. Pero algún día, la ciudad se hará visible y dejará estupefactos a todos los que durante siglos no han creído en su existencia.

No obstante, aquellos exploradores que tienen la fortuna de haber llegado hasta el fin del mundo, sonríen al escuchar el mito. Porque basta estar ahí para saber que no hay oro más valioso en la Patagonia que sus prístinas aguas; que no existen piedras más relucientes que los hielos que duermen en los glaciares; que la sorprendente cantidad de seres silvestres es más hermosa y variada que todas las joyas hechas por el hombre.

El fin del mundo oculta un tesoro hermoso destinado a hombres y mujeres que valoran la experiencia de ser parte del misterio, y que saben que el recuerdo de un instante sublime vale más que mil monedas de oro.

Un regalo para todos aquellos cuyo corazón palpita al mismo ritmo del planeta.